Muchas gracias!
P/D: Todo esto me hizo recordar un pasaje de la novela de José Pablo Feinmann, “La crítica de las armas”, en la cual el personaje principal piensa lo siguiente sobre su madre anciana de más de 90 años, a la cual quiere asesinar: “Cómo evitar esa pregunta, mamá. Cómo evitarla aquí, mirándote, cargada de años inútiles, cada uno un hueco absoluto que no supiste llenar. Cómo evitar preguntarme qué habría sido de lucio si hubiera vivido unos años más. Por qué, me pregunto, tanto a vos y tan poco a él. Tal escasez con su vida valiosa y tanta generosidad con la tuya infértil, insustancial. Nobenta y cuatro años, que obscenidad. ¿Y si distribuyéramos algunos? Al cabo, tenés tantos. Podríamos darle cinco a Mozart y tener cuatro sinfonías más. Diez a Chopin y tener ocho baladas y otros veinticuatro preludios. Quince a Gershwin y tener otro concierto para piano, o dos, otra ópera, cincuenta y cuatro sublimes canciones. Catorce a Kafka y otras tres o cuatro novelas, breves como La metamorfosis, si me lo preguntan. Quince a Walter Benjamín y –aparte de dejarle desarrollar las Tesis sobre Filosofía de la Historia o, mejor aún, escribir otras, abundar y descubrir- salvarlos de esa muerte cruel en la frontera española. Ocho a Pollock y algunos más de esos cuadros caóticos, de esa locura del expresionismo abstracto. Cinco más a Oesterheld y lo salvamos de la ESMA. Quince más a Ana Frank y se salva de los nazis y escribe, en plenitud, diez libros de cuentos perfectos, transparentes, ocho más a James Dean. Y hace otra película como Al este del paraíso. O dos, o tres. Y veinte más a Lucio, y ve la caída de la dictadura, tiene hijos con Liliana, de dedica con todo a la política y es un político brillante, honesto, de esos que no hubo más porque se murieron, como Lucio, porque los mataron, porque nunca sabremos qué habría sido de este país si los tipos como Lucio no hubieran muerto…” (Página 343, Capítulo XXI)


