
Lo que sigue es una de las preguntas de alto nivel inquisidor del diario La Voz del Interior, en sus habituales consultas abiertas a través de su portal:
"¿Deben las parejas homosexuales tener los mismos derechos que las heterosexuales?"
Bien, una vez puesta al alcance de la ciudadanía semejante cuestionamiento, a continuación se adjuntan los resultados de los participantes. Ahí va:
Sí, a excepción de la posibilidad de adoptar 26.40%
No, no pueden equipararse 37.41%"
Esta encuesta fue realizada por la sección Sociedad y tuvo una convocatoria de 2932 votos. Ahora, y tratando de esquivar la discusión metodológica sobre la legitimidad científica de este tipo de herramienta de recolección informativa, este supuesto constituye -realmente- un síntoma que provoca, por lo menos, malestar.
Desde el comienzo, la misma enunciación de la pregunta esta demostrando un factor altamente exclusivo y discriminador. Una de las más eficaces maneras de lograr el no reconocimiento del otro, es (y temo que lo seguirá siendo por largo tiempo) la distinción de género y orientación sexual. Es una realidad que los derechos no son ni universales ni aplicados para todos los seres humanos que habitamos este planeta. Eso es reconocer un punto de partida. Pero el problema es la naturalización de esa no universalidad. Es decir, mantener esa inclusión del otro como negado. Son, los otros (los homosexuales en este momento) aquellos sobre los que cae el peso del status quo.
Esto se refleja en los porcentajes que fueron elaborados, la mayoría piensa que no deben equipararse o que se les niegue el derecho de adopción.
Es grave porque sigue manteniendo la contínua y ascendente conculcación de reconocimiento. ¿Y quién reconoce los derechos? ¿El Estado y su justicia (ciega, sin ojos y con una balanza desbalanceada)? ¿La sociedad (pongámosle de título Civil)? ¿El Mercado (y guarda que va con mayúscula)?
Es importante, por lo menos eso pensamos desde aquí, que el debate no sólo hable de los problemas concretos con los cuales nos topamos día a día, sino que también hable con el otro. No sobre el otro.
Este tipo de discurso (como la encuesta viciada de machismo y homofóbia) es dirigido y planeado desde los grandes medios de comunicación y poder. Y al participar en este tipo de encuesta, se legitima una supuesta participación (virtual e inmovilista) que pretende las veces de democracia.
La Voz y la empresa encargada de realizar estas preguntas conforman ese escenario de exclusión y desigualdad.
P/D: A propósito de lo que sucede con el gran diario cordobés. En estos momentos existe una práctica coercitiva, avalada por el Estado y por los demás grandes medios, que consiste en despedir a periodistas sin causa y con modos propios del neoliberalismo devorador de solidaridades. Es el caso de Eduardo Eschoyez y Juan Domínguez.
Además, siguen reclutando personal y mano de obra barata a través de pasantías rentadas, a las cuales se accede sorteando un largo camino de exámenes y entrevistas para asegurarse de incorporar perfiles acordes al mercado laboral.

