miércoles, 4 de julio de 2007

LELA


La verdad es que no sé por qué, pero casi siempre sucede lo mismo con los apodos. Son así, una vez que alguien te los asigna, ahí quedan. Y generalmente para toda la vida. Uno puede llegar a recibir un apodo en cualquier momento y circunstancia de la vida. Te lo ponen los amigos, los hermanos, los primos, los padres, los hijos ó los nietos. Bueno, este último es él caso. Yo soy nieto de Asunción, el primero. Y según cuenta la historia familiar, fui yo quién le puso el apodo. Si, vale aclarar que cuando uno empieza a balbucear y a emitir los primeros sonidos de letras y palabras, comete torpezas e improlijidades propias de la edad. Claro, es entendible que siendo un tierno bebecito pronunciara Lela, en lugar de Abuela. Abuela. Abu-lela. Lela.
Muy bien, la Lela, como ya lo dije, es mi abuela, es decir, la mamá de mi viejo. Ella es de Gigena. Gigena es un pueblito que puede encontrarse cuando uno viaja hacia el sur, unos 182 Km. por la Ruta 36. Más precisamente entre los pueblos Elena y Baigorria. Allí nació y vivió toda su vida. Allí conoció a mi abuelo, allí se casó, allí nacieron mi viejo y mis tíos. Allí fue donde pasábamos con mi hermano largos veranos de sol, pileta, fútbol y amigos. Allí aprendí a quererlos y a extrañarlos. Si, es así cuando uno tiene los abuelos lejos. Cada vez que íbamos ó cada vez que ellos venían, los días se llenaban de familia. De aromas y comidas, de regalos y tortas de naranja. De fideos, de dulces y besos. De abrazos y preguntas, de versitos y de inviernos.
Este dejo de melancolía es por que el tiempo (ese inexorable transcurrir de segundos, minutos, días y años) hace que la familia no siempre sea la misma. Es así. Es inevitable. Hoy estamos sin el Tite. El Tite es mi abuelo, Antonio Virga. Tite, es también un apodo que, como el de la Lela, me pertenece. Y es que así pasa con los seres queridos, nos apropiamos de ellos. Bueno, mis abuelos me pertenecen. Son parte mía. Yo soy ellos. Y ellos me hicieron, junto con mis viejos, la persona que soy.
Este escrito sólo tiene como pretensión, agradecer tantos años de amor y entrega. Sí, en especial a la Lela. Es que además, hoy, cumple años. Y quería que sepas lo importante que sos para mí.
¡Feliz cumple Lela!


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