
Bueno, después de un tiempo sin entrarle al Blog (las causas me las reservo) la motivación me la dio un aviso en la parada del bondi que me llamó mucho la atención. “Acostumbradas a no usar nada” reza el slogan y muestra a una muchacha flaquita (ultrafina) que en un atardecer de pasto y sol propone un encuentro inolvidable. Esto es, desde este humilde lugar, una clara manipulación de los sentimientos y pasiones sexuales. Sin objetar, en principio, nada en contra de que tal enredo se produzca, creo que la frase carga una premisa peligrosa y mortal, más aún en situación de expansión y plena multiplicación de las enfermedades de transmisión sexual (desde SIDA, pasando por el HPV, hasta ladillas). Si una (o uno) está justamente acostumbrada (ó acostumbrado) a no usar nada, está significando una práctica naturalizada de relaciones sexuales. El no usar nada, acá, quiere decir no tomar ningún recaudo ni cuidado, y allí en el descuido, está el goce y el placer. Este punto es importante, al menos en esta insignificante publicidad de Prime, ya que desconoce el verdadero sentido de ir a la cama (o a cualquier otro lugar, depende del momento y las ganas) como relación social establecida por un contrato previo (además de la cual hay que considerar las pulsiones interiores y psicológicas de cada quien). Digo esto porque es realmente curioso que sea una marca de preservativos la que publicite de este modo su uso.
Las costumbres no son inamovibles. De hecho que pueden cambiar, y esto, al parecer lo tiene muy en claro la propaganda. Por eso les habla a los hombres de ellas (las mujeres como la que aparece en escena) que están acostumbradas a no usar nada, con el fin de que, para que sigan usándolas sin desacostumbrarlas, deben utilizar preservativos (ultrafinos), que son lo mismo que nada. Ahora, tampoco es cuestión de caer en un moralismo hipócrita y desconocer las propias prácticas sexuales de nosotros por estos días. El no cuidado es real y constante. El SIDA y la muerte también.
El segundo punto que me llevó a pensar este cartel es que está teñido de un machismo retrógrado y aplastante. Más allá de utilizar la imagen femenina como objeto fetichista (donde una mujer de perfil hippie aguarda la llegada de su hombre en las praderas de la paz y del amor), el mandato está puesto en la decisión masculina de cuidar a la mujer que va por la vida desprevenida, gozando de la libertad.
Bien, puede ser que nada de esto realmente sea así, pero al menos esa fue mi sensación al ver esta promo.
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